Karina, Christopher, Alex y Sherlock siguieron el
sonar del collar electrónico.
Los llevópor calles, sobre cercas, hasta llegar a un almacén
abandonado.
"Riley corrió porque es culpable", pensaba Karina.
"Me alegro". Ella no
quería pensar en él como el muchacho que siempre
se quedaba solo. Era más
fácil pensar en Riley como el odioso compañero de
laboratorio o Riley el
ladrón de mascotas.